miércoles, 5 de octubre de 2016

¿Cara o cruz?

El golpe fue perfecto, violento… el calor se convertía en frío a medida que iba rompiendo la velocidad del sonido… y la luz se enciegaba con la muerte, se tropezaba con el lomo de la luna…
¡De pronto!… entre  el silencio, aparecía el sonido de unos pasos… era el…otra vez.
Antes de tomarme el 60 que iba para constitución, lo vi parado por primera vez en la vereda de enfrente, vestía un traje negro con zapatos aun mas negros y su rostro apenas dejaba ver una cicatriz que resplandecía como la luz del sol.
Sentía que la suerte iba a cambiar esa noche, llevaba poco dinero en mis bolsillos. Esos ojos que me observaban, nunca pude verlos, pero cambiarían mi destino.  Por la ventana del colectivo lo seguía viendo, estaba parado inmóvil como un reptil al acecho, deje de prestarle atención cuando sonó mi teléfono, era mi novia diciéndome que no vaya a cenar a su casa, entonces comenzó… ni bien corte me llamaron unos amigos, para invitarme a una fiesta, aproveche la situación y fui sin dudarlo.
Llegue a mi casa, me pegue un baño, entre a mi cuarto y sobre mi cama había un pantalón negro junto con unos zapatos aun mas negros, al lado una nota de mi madre

“Te lo dejo un amigo, no me quiso decir su nombre, parecía apurado, Te quiero,  Mama”

El traje se amoldaba a cada centímetro de mi cuerpo, parecía que estaba hecho solo y exclusivamente para mi, único en el mundo. Seguía llevando poco dinero en los bolsillos, nuevamente la ansiedad de un amigo hizo sonar mi celular, para decirme que me apure.
Ya me encontraba a la vuelta del bar. En la esquina, de un taxi se baja una señora y no logre ver bien pero me parece que estaba acompañada del hombre con traje negro, era demasiada casualidad si era el, me habrá parecido verlo, quizás se me mezclaron las imágenes poco nítidas, que brindaba el callejón en media noche, donde la luna se esconde, detrás de las chimeneas cubiertas de hollín.

Camine mas rápido para alcanzar verlos en la otra cuadra, pero ningún rastro de ninguno de los dos, luego de la confusión me senté en el cordón de la esquina donde había parado el taxi, alcanzo a ver una billetera de un cuero inigualable, nunca vista, su textura era extraña, era como que brillaba. Dentro de ella había mucho dinero, busque alguna identificación pero nada, solo dinero.
La noche estaba en mis manos y yo era dueño de ella… caí al bar me senté soberbio mirando al mozo y le pido una ronda de champagne para todos mis amigos, ellos festejaron conmigo.

La noche se transformo en diversión, alcohol, mujeres, amigos… en el boliche una mujer vestida de negro con una mirada dulce como el almíbar, con un cuerpo tallado a mano, con una luz que irradiaba su sonrisa, me cautivo y mi cuerpo estaba sediento de ella, necesitaba tomarla, poseerla, hacerla mía, baile con ella, la bese, la abrace recostando mi barbilla en su hombro, con la vista nublada lo vi nuevamente al hombre de traje negro con sus zapatos aun mas negros, me estaba mirando. Sus ojos bellos, parecían perlas talladas con algún rayo de sol. Su cuerpo daba una sensación de poder… así me sentía yo poderoso, con una mujer hermosa, con mi billetera extraña. Poder era lo que fluía por mi venas… lo perdí de vista, sentí la necesidad de ver al hombre de negro y a sus zapatos aun mas negros, empecé a caminar por el boliche, a empujar a la gente y me enfrentaron, me golpearon una, dos, cinco veces, sentía que me desvanecía, la sangre hervía, caía por todos lados, dándome cuenta que no era la mía, sino la de mi enemigo, detrás de el como siempre lo veo al hombre de negro, pero esta vez pude ver sus manos, eran grandes gruesas, elegantes con sensación de firmeza, frías como el hielo, viejas como el tiempo y poderosas, que portaban un anillo de oro puro.

En medio de la pelea perdí la billetera, la noche dejo de estar en mis manos, de ser mía, la mujeres se iban, el alcohol termino de cortar mi corazón, mis manos tenían dolores inmensos como si me las hubiera olvidado en la entrada de un subte, en la hora pico. Poco a poco iba volviendo a mi casa, desgarrado mi cuerpo iba perdiendo pedazos, no sentía poder, no sentía nada, solo ansias por volver a ver al hombre de traje negro y sus zapatos aun más negros.
Y así deje pasar el tiempo, mi piel se pegaba mas a mis huesos, como una bolsa de plástico en medio de un tormenta, que se te pega e intenta robarte el oxigeno. Salía solamente por las noches, vendí hasta mi sombra por encontrar al hombre de traje negro, y nunca pude, todas las noches me sentía suspendido en el aire como si me hubieran cortado las alas y me lanzaban desde un avión. Solo que nunca llegaba al suelo a estrellarme siempre aparecía o imaginaba que el estaba ahí y me cortaba el corazón en cada caía, y me decía que no me preocupe que el corazón es el único órgano que se regenera.

Perdí mi sombra, perdí mis manos, perdí las ganas de levantarme una mañana, perdí sonrisas, caricias, sensaciones, cambie a mis amigos, a mi novia, a mi familia, por buscar al hombre de traje negro, que en breve destellos de lucidez aparecían en mi incertidumbre, para robarme una parte mas de mi corazón, a cambio de poder absoluto, sobre mi cuerpo, sobre un mundo que solo existía en los planos de mi precaria visión nocturna, donde los vértices  de mi vida, estaban marcados con tizas, que muy pocas veces eran de colores.
En unas de mis noches, me di cuenta que yo, no era el único que andaba buscando al hombre de traje negro, con sus zapatos aun mas negros, muchas personas lo buscaban, nos compartíamos información de donde encontrarlo, para que nos robe un pedazo de corazón a cambio de poder, hasta empecé a negociar con gente que lo conocía muy bien, me convertí en pocos años en uno de ellos, sabia demasiado sobre el hombre de traje negro, yo le entregaba parte de mi corazón a cambio de poder, autos, casas, mujeres, etc. Pero día a día mis alas eran más cortas, me tenía que tomar un avión para llegar al cielo. Cada vez que intentaba ver, tocar al sol, ¡ZAS! Me cortaban las alas con un cuchillo de porcelana fría y me lanzaban al vacío, donde nada existía, solo el hombre de traje negro me tomaba en sus manos.
El poder era absoluto, el negocio era perfecto… pero la codicia es la figura que lleva a la perdición al poder, y mis manos cargaban la figura de la codicia, fría, perfecta, simétrica y poderosa a la vez, imponía respeto, miedo. Estaba con los pies en una tierra desconocida, mojada con sangre de mis alas rotas, donde no había más plumas blancas, donde era yo el ser supremo, que dirigía todo, me lleve mucho dinero, pero también me lleve conmigo un pedazo de corazón que le quite la posibilidad de volverse a generar. Corrí muchas cuadras, subí a mi auto blindado, llegue a mi casa, me encontré con el hombre de traje negro y con sus zapatos aun mas negros… me llevo al cielo en un avión de oro puro, donde sus paredes eran de terciopelo, me senté a su lado bebimos champagne, de pronto recibió una llamada, de inmediato se levanto, le dijo a todo el mundo que se encontraban en el avión, que se retiren junto con el, a la otra parte del avión, cerro la puerta y quede solo.
No se cuanto tiempo paso, estaba solo, tenia hambre, sed, frío… estaba solo… empecé a gritar que me habrán y nada. Quería cortarme las alas y tirarme al precipicio, pero no podía abrir la puerta… el oro es muy pesado, solo en el cielo, en el avión mas poderoso del mundo. Recordé en ese ultimo pedacito de corazón que me quedaba, a mis amigos, a mi novia y a mi familia, mire al cielo, una lagrima cayo de mi mejilla deslizándose por el suelo hasta la puerta ,que hizo que se abra… me fui hasta su orilla, mire hacia abajo y en un segundo me di cuenta que no estaba solo, volteé para ver quien estaba y…el  golpe fue perfecto, violento… el calor se convertía en frío a medida que iba rompiendo la velocidad del sonido… y la luz se enciegaba con la muerte, se tropezaba con el lomo de la luna… caí al precipicio con todo el poder de la codicia dentro de mi cuerpo.

Flor de un dia

El siguiente relato, trata de un hombre que se enamoro de una acompañante de una noche.   La luz provenía de la pequeña grieta de la ...