miércoles, 26 de octubre de 2011

Así comenzó


A veces creo que sacrificarse por ser feliz, realmente vale la pena, mi lucha fue ardua y al final lo logre, pero solo es el comienzo, estoy parado en los pliegues de mi sonrisa. Ahí haciendo equilibrio para no caerme nunca.
Voy a contar lo que quizás nunca conté, saco a luz las letras que quedaron en el bolsillo de tela de mi mochila. Letras que están medias húmedas por las gotas de lluvias que resbalaron de algunas estrellas, aquella noche donde la encontré.
No sé si les paso alguna vez, cuando todo tu mundo se derrumba a tu espalda, donde los besos que alguna vez creíste que eran besos, se convierten en puñales de un cuchillo que no tiene sombra, donde las caricias que te llevaban a ese cielo infinito, resultaron ser el simple techo de una habitación mal pintada. Cuando, muchas veces las voces hacían eco en el vacío de la habitación donde uno está parado, solo, con las ganas que tenemos de que nos amen, y nos ponemos a buscar un picaporte para escapar, salir corriendo a buscar aquella sonrisa, aquellos ojos… que nos devuelva lo que alguna vez dejamos de ser, dejamos de creer…
Fue un jueves por la noche, donde la encontré, estaba yendo con mi coche a mi casa y la encontré en el camino en un estado de inconsciencia total, esa noche llovía, su cuerpo mojado frágil, era más pesado de lo que parecía. La alcé en mis brazos, aun respiraba, decidí recostarla en la parte trasera de mi auto y llevarla a la clínica más cercana.
Llegando a la clínica empezó a toser, me pregunto quién era y solo respondí mi nombre, me pregunto a donde la llevaba y solo conteste la clínica, me dijo que no, que la lleve a mi casa, le pregunte, por que si ella se veía en un estado grave, me respondió, el dolor que yo tengo no me lo pueden curar en una clínica. Cerré la boca y fui rumbo a mi casa.
Llegando a mi casa la recosté en mi cama, le preste ropa seca, le prepare algo para comer. Y me senté a su lado a ver la tele, en ese lapso de tiempo no hubo comunicación verbal, no se chocaron palabras en el aire que nos rodeaba. De pronto empecé a ver sangre de su espalda, le dije, estas sangrando, ella respondió que no era nada. Fui corriendo a buscar alcohol, vendas, gazas, cinta, tijeras. Y medio a la fuerza le descubrí solamente la espalda, cuando quede totalmente sorprendido aquella hermosa mujer, tenía alas y estaban rotas, llenas de sangre, se las cure, limpiándole la herida y vendándoselas. Ella a pesar de ello, muy agradecida me regalo una exquisita sonrisa que dio directo a mi corazón, el flechazo fue directo la sonrisa fue devastadora, no supe que hacer, solo sonreír… y cuando deje las cosas en el baño cerré la puerta del espejo y vi mi sonrisa, era raro, verme sonreír una vez más, me quede mirándome sonreír como un tonto y es que hacia tanto que no sonreía… que disfrute ese momento como si fuera el ultimo. Volví del baño, y mis sentidos eran otros el hecho de haber sonreído una vez más, despertaron millones de sensaciones que creía haber perdido, sentía su perfume, traspasaba las paredes con tanta facilidad, llegaba a mí y se escurrían por cada poro de mi piel que hasta llegaba a doler tanto su sabor de ternura. Me senté junto a ella y empezamos a dialogar, la conocí, me conoció, no podía dejar de mirarla mientras me hablaba, en ese momento no existía ni un cielo ni una tierra, no existía nada, solo el danzar de su voz, la frecuencia de sus labios, la sencillez de su mirar… y sin darme cuenta sonreí nuevamente, raro dos veces en un mismo día sonreír y por el mismo motivo “ella” que me está pasando. Me pregunto, por que sonreía, me puse colorado, le respondí, porque soy feliz escuchándote.
Y ella sonrió también, zas!! Se me derritieron los huesos por dentro y ella por suerte no se dio cuenta. Luego de haber estado juntos días, meses, sabíamos que algo no andaba bien, decidimos decirnos todo, fue difícil creo que ese día hubo agujeros negros en el cielo celeste, agujeros de furia infinita.
Pero su amor solo se encontraba en la línea que divide el horizonte y yo llegue a esa línea aquella noche de lluvia, lo tome, la cuide, la cure, me enamore. Y hoy sigo a su lado porque ese día donde el cielo tenia millones de colores, hicimos un pacto de amor… decidimos abrirnos el pecho y tomar cada uno el corazón del otro, que estaban golpeados, abollados, destrozados por experiencias del pasado, eran dos corazones que temblaban de miedo. Yo guarde su corazón en mi pecho, ella guardo mi corazón en su pecho. Y le jure, me juro, que ambos íbamos a reparar el corazón del otro. Hoy seguimos con la promesa en pie, en cada sonrisa, en cada te amo ella repara mi corazón y yo en cada sonrisa y en cada te amo reparo su corazón. Quizás algún día se lo devuelva, pero no creo… no quiero nunca dejar de sonreír…

Flor de un dia

El siguiente relato, trata de un hombre que se enamoro de una acompañante de una noche.   La luz provenía de la pequeña grieta de la ...