lunes, 30 de mayo de 2016

17:04

Inesperadamente llego esa rutina inconsciente de todos los lunes, donde miro el reloj del celular y como el mejor mago del mundo son las 17:04 … en este momento me pasan tantas cosas, tantas ideas, tantos sentimientos nacen de aquella marioneta de madera, que busca por los rincones algún corazón, estoy sentado, creo que ya me pase la mitad de mi vida sentado, no me animaría a hacer ese calculo,  me angustiaría demasiado…  pero si, estoy sentado, con las piernas enredadas a la altura de los tobillos, con dolor en la espalda y los ojos secos, de tanto fijar las vista en la esperanza de que aparezca aquellos pequeños impulsos, que lanza el monitor, como esas señales de vida, que dan vida… hoy estoy hecho un ser incomprensible, creo que nadie me entendería, quizás escriba y escriba pero nada de lo que escriba tendrá sentido alguno… solo apareció ese momento, donde siempre son las 17:04 y me vienen recuerdos de tantos 17:04 y la piel se quiere escapar a otro sitio, que desconozco… solo veo que en muchos 17:04 fui feliz en otros no tanto, pero aquí, donde estoy, el horizonte se esconde entre los edificios, entre los cristales de una ventana que da a la nada misma… donde el cielo a pesar de estar celeste es gris… definitivamente la vida me espera afuera cuando entro a este lugar, siento que me convierto en un robot, en un mendigo que da soluciones por unas monedas… solo espero que la rutina cumpla su horario y salgo, cada vez que cruzo esa rejas verdes de la puerta soy libre!! nuevamente, me encuentro con mi vida a metros de la puerta y cuando llego a la esquina me choco con mi sonrisa… en ese momento me doy cuenta que estoy más vivo que nunca que mis piernas funcionan… me doy cuenta que aquel hombre de madera que deje en el cuarto piso es solo una ilusión, quizás son las ganas de estar vivo… 

Carta a un viejo amigo

Este relato, es la historia de dos amigos que por razones del destino, viven distanciados, donde podemos situar la escena en la época dond...