martes, 29 de junio de 2010

Una Vida

Las velas de la mesa todavía seguían encendidas. Esteban llegaba a su casa, siempre se sacaba los zapatos y los dejaba junto a la alfombra de bienvenida, el silencio de la casa gobernaba por completo sus oídos, el sahumerio desvastado por el fuego y el tiempo, lo llevaba a recordar los jazmines del jardín donde alguna vez, le regalo lo que dejo de ser hace ya muchos años.
En la mesa. La luz de una vela dibujaba la silueta de la otra, el mantel arrugado desfiguraba su línea perfecta, los cubiertos sucios, los platos de porcelana china estaban quebrados. Del otro lado, la botella de vino vacía, el beso de una mujer, había desteñido su pico verde uva.
El fuego del hogar iluminaba todo el living. Él pensaba, con su vaso de whisky escocés, en las noches donde desprendió cada botón suyo, donde beso cada centímetro de su piel jurándole amor eternamente. Mirando, como el fuego quebraba las líneas invisibles del silencio, se quedaba dormido.

Dos horas antes de que Esteban llegara, su mujer, Florencia buscaba el mejor vestido, sus zapatos aun sin estrenar, era la perfecta ocasión para caminar en su alfombra llena de mentiras.
El lápiz labial se había desangrado en su boca, sus manos escondían las caricias que él le      
había regalado, para que ella, se las regale y así sucesivamente.

Esteban seguía dormido, su vaso dejaba de ser una sensación, cuando el fuego anestesiaba al hielo en una batalla, donde se negaba a cambiar de estado. El veneno era tan fuerte que el peso del vaso vencía a los engranajes de sus tendones y caía sobre la alfombra.
El sonido de cristal alertaba a los guardianes de los sueños y levantaban un parpado para descartar cualquier tipo de amenaza.
La única amenaza, era el frío, estaba parado frente a él con un vestido blanco y una mirada que lo desafiaba.
Perdiendo la cordura con uno y otro vaso de whisky, decide escribirle a Florencia.
Su  corazón estaba desbordado de alcohol, vomitaba coágulos de sangre y bombeaba más amor, que el que jamás sintió por ella.
Un lápiz y un papel  encontraron sus manos luego de haber desordenado cuatro cajones.
Él empezaba a recordar, empezaba a escribirle una carta, la primera de amor:


Amor:

               Frente a la hoguera estoy descociendo las palabras de mis labios y los recuerdos de mi pecho.
                    Los arrojo uno por uno al fuego y veo como dejan de ser lo que fueron: lágrimas, cosquillas, caricias, besos.
                    En donde estará nuestro amor ¿En qué botella se habrá caído por error?    ¿En que océano naufragará? Sin rumbo ni destino. Cuantos amantes habrán bebido de él,   se habrán anestesiado con tus besos, con tus labios, cuantas mujeres habrán temblado con las caricias que te regale, cuantos delfines habrán querido esconder en un caracol tu sabor a primavera, a flor o frutilla.
                     Donde estará, quizás este flotando dentro de la boca de una ballena donde las estrellas de mar son parte de su cielo, donde solo reina la soledad y la cordura de nuestra pasión, sola, sentada en la lengua, espera... Unas manos, unos labios, una columna que lleve electricidad y de brillo a sus ojos...


-Su mano fue hipnotizada por el sueño, el alcohol venció una vez mas al amor, él se quedaba definitivamente dormido.
A las 5 de la mañana. El fuego era un carbón, iluminando lo poco que quedaba de silencio,  ella baja con él. Se despiden con un beso, y la llevaba al infierno.
Cierra la puerta. Se quedaba mirando el techo y unas lagrimas goteaban sus ojos, su corazón latía y eso era algo fuera de lo habitual, miraba para todos lados como si no entendiera nada, pero de pronto fijaba su vista en aquella baldosa, la que habían roto con Esteban, entrando el primer día  a su hogar con la esperanza de ser felices. Esa baldosa la misma que sostenían los zapatos.
Estaba en la casa, ¿pero donde? Empezó a buscar por todos lados, llegó al living, sintió la mezcla de lagrimas, carbón, tinta, estaba ahí tirado con la carta en la mano y el vaso de whisky en la otra, parecía muerto.

Ella tomaba la carta. La leyó. Una lágrima parieron sus ojos, el dolor de ver sus letras, las mismas que le regalo una tarde de verano, cuando se amaron por primera vez.
Esa lagrima, única, quemo sus pupilas, congelo su cuello y clavo sus pies en el desierto.
La arena, las mentiras, en ese minuto cubrían su cuerpo y la asfixiaba su angustia.
Ella imagino que la había visto con Joaquín. Y las venas de su corazón, se pincharon ahogando sus pulmones.
La desesperación de las pupilas, el nudo de la garganta, las mentiras que oxidan sus huesos. No puede pensar, quiere acariciarlo pero miles de ángeles parecieran que frenan su mano. Decide continuar la carta, pero no sabe que poner solo escribió pocas frases sin sentido, la dejo en el bolsillo antes de partir.
Aquella mañana fue la última vez que el sintió su mirada, dormido no lo recuerda, nunca mas la volvió a ver, nunca mas volvió a saber de ella. Solo unos simples recuerdos aparecían en todos los lugares donde se sintió feliz con ella.


Han pasado 8 años, él la sigue buscando, quiere preguntarle ¿Por qué se fue?
Sale al trabajo todas las mañanas, pasa por la esquina donde la conoció y su sombra esta intacta. Esta esperándola también, que vuelva, para que le explique, por que se fue sin ella.  Él se sienta, charla con ella y juntos la recuerdan.
De que color, de que forma, serán sus lágrimas.
Y sigue caminando y confunde a la gente con ella y persigue a miles de señoritas durante días, las ve tomar un café, un te, comer un porción de torta o las escucha hablar, mira sus gestos, siempre son diferentes, no logra encontrarla.

Sus vejez avanza en su pelo y tiene ya varias libretas, tablas archivadas, conoce a todo el barrio, conoce todo buenos aires, conoce los gustos de todas la señoritas, que se parecen a ella y las observo mas de una vez, para asegurase de que no era ella. Nuevamente fracasa una y otra vez. Siempre después, de cada fracaso, saca su cuaderno del bolso y escribe una cruz al lado de su nombre, aunque siempre era el mismo “Florencia”.
La vejez esta vez ataca sus manos, sus ojos, sus caderas. El olvido de unas llaves, de una corbata, refleja sus años. Pero el sigue ahí, recorrió ya toda la argentina, todo lugar a alcanzable para su bolsillo y no la encontró.
Una mañana su corazón intento detenerse, el amor lo impidió, no podía morirse si antes saber por que se fue. Las tardes pasaban y los médicos no encontraba explicación del por que el seguía vivo, aquel infarto había paralizado su piernas, su pelo se había caído del todo.
Esteban le pide a su amigo que se acerque, le murmuro al oído “tráeme algo de ropa, ponle su perfume”
Llego la noche, él vestía su ropa de cuando fue la ultima vez que sintió su mirada, la ultima vez que ella estuvo en la casa, sentía su perfume y su vida se iba en cada respirar, sintió frió en sus manos y las metió en sus bolsillos. Encuentra un papel, lo empieza a leer, era su carta y tenia un final… un final diferente al que el había escrito.
Y decía:

 -Como explicar lo que siento, como explicar que te veo y me odio, sos tan lindo dormido. Como explicar que soy una basura, que después de haberme dado todo el amor que me diste, te hago esto, no encuentro razón alguna, perdón. Solo espero que me creas que fue un beso, el quiso intentar hacerme algo mas, pero no lo deje, no era lo mismo creo que el amor esa vez gano y me di cuenta que sos vos el amor, pero un beso vale mas  que miles de caricias y me siento horrible y me siento cobarde, por hacer lo que te voy a hacer, pero no puedo mirarte a los ojos y saber que me amas y saber que te amo.
Debo irme, por que no puedo vivir así, sabiendo que una vez en la vida te falle. No te merezco, amor debo partir no me busques (te conozco) esta vez no me vas a encontrar, iré mas allá, donde las estrellas me cuente de vos cada noche, perdón amor… Adiós-



                                                                                                  Florencia



Sus ojos se cierran, sus manos quiebran la carta, sus lágrimas lo ahogan y una media sonrisa deja escapar a su corazón, para que las estrellas le cuenten a ella, que él ha llegado al cielo y aun así la seguirá buscando.

                                                                                                                  Fin

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